Elevando el estándar

Conocido por sus esfuerzos de alto riesgo en el avance de una misión ecológica desde hace décadas, Denis Hayes, presidente de la Fundación Bullitt, ha impulsado el movimiento ambiental creciente en América desde que organizó el primer Día de la Tierra en conjunto con el ex senador de Wisconsin, Gaylord Nelson en 1970. Gracias a sus esfuerzos como líder en temas ambientales, se han adoptado avances sostenibles en este país en varios frentes. Y si su apuesta más reciente sobre la creación del primer edificio significativo de energía neta positiva paga, entonces puede ser que el mundo se inspire en ser aún más verde en el futuro.

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El Centro Bullitt de 52.000 pies cuadrados, seis pisos, se erige como un brillante ejemplo de los logros de Hayes y la Fundación, en su búsqueda de permanecer a la vanguardia del movimiento de sostenibilidad. Fotografía ©Nic Lehoux

Hayes optó por desarrollar el edificio después de buscar en vano en Seattle, un espacio sensible al ambiente que cumpliera con sus criterios. “Estábamos buscando oficinas que reflejaran nuestros valores”, dice Hayes, agregando que “nuestro enfoque es sobre ecología humana con énfasis en cómo podemos diseñar ambientes construidos que son el hábitat adecuado y saludable para nuestra especie”. Hayes fue el jefe del Instituto de Investigación de Energía Solar durante la administración Carter, y continúa promoviendo las iniciativas medioambientales apoyadas por la Fundación Bullitt, que ofrece subvenciones a organizaciones que trabajan en proyectos ambientales en el Pacífico noroccidental. El Centro Bullitt de 52.000 pies cuadrados y seis pisos, propiedad de la Fundación Bullitt, se erige como un brillante ejemplo de los logros que él y la Fundación han logrado en su búsqueda para permanecer a la vanguardia del movimiento de sostenibilidad.

La estructura fue diseñada para lograr la certificación como un Living Building (Edificio Vivo), que es significativamente más ambiciosa que la certificación LEED Platino. Para cumplirlo, un edificio debe generar tanta energía como la utilizada cada año y usar agua de lluvia para todos los efectos, incluyendo agua potable para consumo humano. También debe cumplir las normas elevadas para materiales ecológicos y la calidad del aire interior. El edificio, ubicado en un sitio que solía ser un bosque lleno de árboles de abeto Douglas antes de que llegaran los asentamientos europeos, fue diseñado por la Parcería Miller Hull con sede en Seattle para funcionar, dice Hayes, como lo haría un árbol. “No sólo proporciona refugio y sustento a sus usuarios, como un árbol lo haría para ciervos, alces, pájaros y ardillas, también produce su propia energía a partir del sol y la lluvia, no produce toxinas y recicla sus desechos como nutrientes”.

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El Bullitt Center fue diseñado por la Miller Hull Parntership con sede en Seattle para funcionar como lo hace un árbol. Fotografía ©Nic Lehoux

Ya que la Fundación Bullitt opera con solo siete empleados y necesitaba solo 4.000 pies cuadrados para su propio negocio, el edificio fue diseñado para ser arrendado a inquilinos adicionales para tornarlo comercialmente viable. Entre las numerosas empresas y organizaciones que han optado por ocupar el edificio están el International Living Future Institute, fundador del Desafío Living Building, que define estándares para la certificación Edificio Vivo; varias compañías pequeñas y una firma de ingeniería substancial, que adaptaron sus procesos de negocio para bajar su demanda energética en un 82 por ciento sin pérdida en productividad ni conveniencia. “Les decimos a nuestros inquilinos cuántos kilovatios hora de energía tienen permitido utilizar y si se exceden, pagan una dura penalización por las cuentas altas de energía,” dice Hayes.

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La oficina de Seattle del International Living Future Institute, fundador del desafío Living Building Challenge, considera al centro Bullitt como su hogar. Fotografía ©Benjamin Benschneider

El edificio usa la energía solar para satisfacer sus necesidades de energía eléctrica, por lo tanto educar a los inquilinos sobre maneras de reducir el consumo es necesario para mantener el uso de energía del edificio bajo control. Sin embargo, ya que el edificio comenzó a funcionar hace unos dos años, sus generadores de energía y sistemas de conservación de energía no sólo permiten que se cumpla con todas las necesidades energéticas de la Fundación Bullitt y otros inquilinos en el edificio, sino también le permiten producir más energía de la que consume, por lo que es el primer edificio de oficinas comerciales de su tamaño en los Estados Unidos que opera como una estructura de energía neta positiva, generando más del 60 por ciento de energía que utilizó en 2014. “El índice de uso de energía (EUI, por sus siglas en inglés) para una oficina promedio en Seattle es 95; bajo nuestro nuevo código de energía el índice caerá a los 50, para edificios LEED Platino alcanza los 30, y para nuestro edificio apuntamos a los 16”, dice Hayes. “Pero ha superado nuestras mayores expectativas. Nuestro EUI en el 2014 fue 9.4, por lo que definitivamente es el edificio de oficinas más eficiente en América”. La energía sobrante se vende a la red eléctrica para ser utilizada por otros.

Algunas otras características de la construcción ecológica incluyen una recolección robusta de aguas pluviales y sistema de filtrado, tratamiento de aguas residuales en el sitio, inodoros de compostaje, y certificación de proyecto del Forest Stewardship Council — la primera oficina en los Estados Unidos en lograr esa posición. El edificio también excluye 362 elementos de la “Lista Roja” que son tóxicos, cancerígenos, mutagénicos, o sustancias que interrumpen el sistema endocrino. Los materiales y el mobiliario desprovistos de los elementos de la “Lista Roja” también fueron elegidos por Robin Chell, Director de RCD, con sede en Seattle, quien trabajó con la Fundación Bullitt para diseñar los interiores de sus propias oficinas. “Porque teníamos que evitar los productos que contenían elementos en la “lista roja”, todo era rigurosamente examinado y tenía que ser libre de formaldehído,” explica Chell.

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Algunas de las características más destacadas del edificio ecológico incluyen una recolección robusta de aguas pluviales y sistemas de filtración, tratamiento en sitio de las aguas residuales e inodoros de compostaje. Fotografía ©Benjamin Benschneider

La Fundación Bullitt también necesita tapicerías que servirían como amortiguadores acústicos en el espacio. Así, de acuerdo con la noción de la biomimética que guió el diseño de la mecánica del edificio, los sistemas de tubería, electricidad, plomería e iluminación, Chell seleccionó obras de arte en fieltro, muebles tapizados de lana, alfombras modulares ecológicas inspiradas en la tierra y musgo de la colección Urban Retreat de Interface. “Queríamos traer colores de la naturaleza con acabados, arte y muebles que fueran acogedores, estimulantes y que reflejaran su espíritu”, explica Chell. “Así que empezamos con la alfombra, que inspiró los tonos de los demás elementos. Aparte de ofrecer productos ecológicos, Interface tiene una increíble variedad de innovaciones de diseño que son casi siempre vanguardistas,” añade Chell. Galardonado con el Premio Elección del Público IIDA del año anterior, el diseño de Chell es tan amigable con el ambiente como lo es práctico y atractivo a la vista.

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En consonancia con la noción de biomimetismo, Robin Chell Design eligió alfombras modulares ecológicas inspiradas en colores tierra y musgo de la colección de Urban Retreat de Interface para el espacio ocupado por la Fundación. Fotografía ©Brent Smith Photography

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“Queríamos traer colores de la naturaleza con acabados, arte y muebles que eran acogedores, estimulantes y que reflejaban su espíritu”, explica Robin Chell.

Debido a que el clima de Seattle a menudo es nublado y gris, crear un edificio de seis pisos que usa energía solar para satisfacer sus necesidades de energía fue algo arriesgado. Pero Hayes estaba convencido del potencial de retorno sobre la inversión que hizo que el riesgo valiera la pena. “Se han diseñado otros edificios para cumplir con estos estándares sostenibles, pero son pequeños — generalmente 2.000-6.000 pies cuadrados,” dice. “Queríamos incrementar de manera dramática la escala y sentí que era factible. Incluso si hubiésemos fallado, pensamos que era un salto heroico, así que decidimos: ¿por qué no apuntarle a la luna y atrevernos? Queríamos ser tomados en serio, no sólo por la comunidad académica, sino también por quienes en realidad construyen”.

A juzgar por el número de visitas (cerca de seis por semana) que el centro Bullitt acoge en su edificio para desarrolladores, arquitectos y gestores de instalaciones, Hayes parece haber tenido éxito en capturar la atención. Y si el edificio logra la Certificación Edificio Vivo, que espera lograr en este año, sin duda, la construcción generará aún más interés.

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